
Esta frase forma parte del discurso de agradecimiento de John Nash en la ceremonia de los premios Nobel en 1994. Y son estas palabras las que encierran el largo camino por el que estos dos seres emocionales, este brillante matemático y su esposa, tuvieron que pasar. La perseverancia, la fe y sobretodo el amor, fueron las herramientas para que John y Alicia lograran permanecer juntos, educar a su hijo y sobrellevar su enfermedad. Nada de esto hubiese sido posible de haberse mantenido "pensando" como seres racionales en lugar de "sentir" como seres emocionales.
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